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Aquellas pesetas rubias

Nostalgia a través de las monedas

“Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida”. Así define la Real Academia Española la palagra “nostalgia” derivada, por cierto, del griego nóstos, que vendría a significar “regreso”. Lo reflejo aquí porque, como todos los años por estas fechas, me invade una incierta nostalgia y me ha dado por consultar fotos viejas, cachivaches escondidos y pequeños recuerdos de infancia. Mis ojos se han detenido en esta ocasión, con especial interés, en una colección de monedas que fueron de uso común y que hoy se amontonan como lo que son, recuerdos inservibles, testigos de una historia que ya pasó. Estoy hablando, sin más preámbulos, de las pesetas. ¿Se acuerda alguien de auellas pesetas rubias, primero con la imagen de Franco y después con la efigie de Juan Carlos I? Eran aquellas moneditas que nos daban nuestros padres como paga de fin de semana para gastarnos en chucherías. Valían algo, o al menos eso creo recordar. Estaban, como decía, las rubias, luegos los duros y los cinco duros, esas 25 pesetas que ya eran todo un dinero en nuestros tiernos bolsillos. Las utilizábamos para montar en los coches de choque, en adquirir algún que otro lapicero (por ejemplo) o, qué se yo, para ahorrar algo. Luego llegaron las monedas con agujero pero no, las auténticas, los cinco duros auténticos, por lo menos los de mi época, eran los gordos, los que tenían la imagen de Franco con el águila o la de Juan Carlos I, con la corona y la inscripción “25 pesetas”.

Billetes

Los diez duros eran palabras mayores. Para el Mundial 82 sacaron una edición conmemorativa. ¿Alguien se acuerda de los billetes de 100 pesetas, esos que mostraban, por un lado a Manuel de Falla y, por otro los jardínes de la Alhambra? Tener uno de esos era ya ser millonario. Hoy, si he hecho bien el cálculo, serían sesenta céntimos de euro. El caso es que nuestra infancia y juventud, nuestra vida, suele estar atada a ciertas cosas materiales y cuando estas salen a relucir es imposible, absolutamente imposible, que esas épocas no vengan a nuestra mente. ¿O será que a veces necesitamos estos momentos para no perdernos, para saber quiénes somos y de donde venimos, aunque eso no signifique precisamente saber exactamente nuestra dirección?. En fin, lo dicho, perdonen este ataque de nostalgia monetaria. Gracias por estar ahí.

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