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Brihuega: la felicidad en el jardín

“¿Te imaginas que aquí hubiera una guerra de verdad?”, preguntan en el primer diálogo de la película “Las bicicletas son para el verano”. Cuando vengan a Brihuega, en Guadalajara, a apenas a 90 kilómetros de Madrid, traten de pensar en esa frase. “¿Te imaginas que aquí hubiera una guerra de verdad”. Pues este lugar idílico, junto a la vega del río Tajuña, que luce con justicia el título de Jardín de la Alcarria, ha sufrido dos enfrentamientos a lo largo de su Historia: la batalla de Brihuega-Villaviciosa (1710), enmarcada en la guerra de Sucesión y la de Guadalajara (1937) , en la más cercana Guerra Civil.

Hoy Brihuega es un remanso de paz en el que suena el canto del agua en cada rincón, un lugar donde sus árboles y su jardines te protegen del inclemente sol del campo alcarreño en verano. Brihuega es una villa donde la piedra te envuelve en cada calle, donde la Historia te saluda a cada paso y la alta gastronomía te espera en cada una de sus mesas. Es un lugar donde la tauromaquia florece en primavera y eclosiona en verano, donde la música se escucha en las ventanas y se nota el olor de la lavanda en las calles, por mucho que no sea julio y los campos no estén teñidos de lila.

Habitada desde el tiempo de los celtíberos, Brihuega vio la llegada de los visigodos, los árabes y los cristianos, que la donaron a los arzobispos toledanos. Toda esta historia ha dejado en la localidad un legado de monumentos que no nos podemos perder. Sin duda el primero que veremos será la Puerta de la Cadena, al norte de la villa.

Pasando bajo su arcada nos adentraremos en el casco briocense, un entramado bien cuidado de edificios rehabilitados con acierto. Llegaremos hasta el primer punto de interés, la Plaza de los Herradores, con la Fuente de los Doce Caños y el lavadero. Bajando por la calle Peral, girando por la del Tinte y enfilando por la calle Mayor llegaremos a la Plaza del Coso, flanqueada a izquierda y derecha por otras dos colosales fuentes. A un lado de la plaza la Real Cárcel de Carlos III, la Oficina de Turismo, será el punto de partida de nuestro largo recorrido turístico por la villa.

Cuevas árabes

La primera parada, al fondo de la plaza, la tenemos en las Cuevas Arabes. Hay que preguntar en la carnicería contigua, “Hermanos Gutiérrez” y pagarle al carnicero los dos pertinentes euros de la entrada. Por su propio testimonio conocemos que la villa contaba en sus tiempos con más de nueve kilómetros de estas cuevas, un recorrido hoy reducido sólo a 700 metros. La entrada está marcada en la misma plaza pero la salida es ¡por en la misma carnicería!. Muy recomendable y muy fresquito este recorrido.

El mapa de la Oficina de Turismo nos llevará por distintos lugares de interés. Otra cosa es que queramos o no queramos seguir el orden establecido. Tenemos para elegir: el Arco de Cozagón, el de Santa María, los bien conservados lienzos de las antiguas murallas o el castillo de la Piedra Bermeja. Para acceder a este último (2 euros) pasaremos entre las tumbas del cementerio. Una vez dentro podremos ver la capilla gótica mudéjar y la sala noble; además también podremos subir a la torre, desde la que tendremos una magnífica vista de toda la villa.

El Prado de Santa María

Al castillo de piedra Bermeja se llega desde el Prado de Santa María, una maravillosa y amplia plaza de piedra con enormes árboles y una gran reja que da a la frondosa vega del Tajuña. En el mismo prado tenemos uno de los muchos ejemplos de las iglesias y conventos de Brihuega, la de Santa María de la Peña, patrona de la localidad. 

Sin abandonar este lugar nos encontramos con el convento de San José, hoy sede de dos museos que no podemos dejar de visitar:

.El primero de ellos es el Museo de Miniaturas del profesor Max. Es un lugar inesperado en estas tierras, pero totalmente recomendable, tanto por lo que atesora como por su propuesta expositiva. Ofrece piezas tan curiosas como una plaza de toros y un paseíllo de toreros ¡pintados en una cabeza de alfiler!. Cuenta con cuatro récords Guinnes. La entrada cuesta 6,50 euros y hay tarifas reducidas a grupos, personas de la tercera edad e infancia.

.El Museo de Brihuega resume la historia de la localidad, sus batallas, sus monumentos… Abre Sábados, domingos y festivos: de 11.00h a 14.00 y de 16.00h a 18.00. La entrada general cuesta dos euros.

Tras la visita a los museos llegaremos a la Plaza de Toros “La Muralla». A partir de ahí, si quieren un consejo, piérdanse. Callejeen, disfruten con las numerosas fuentes de Brihuega, con sus edificios, con sus comercios. No dejen de visitar el Parque del Molinillo, el de María Cristina, la Plaza del Jardinillo o a la de San Felipe, con la iglesia del mismo nombre. Nos queda una última y obligada visita, no por ello menos importante. Quizá sea la más significativa de todas, La Real Fábrica de Paños, recientemente restaurada. Junto a ella su jardín romántico. Los dos son auténticos símbolos de Brihuega.

A estas alturas, quien más, quien menos, estará desfallecido ya con tanto paseo. Si es así, no hay problema. Brihuega es conocida por su afamada gastronomía. Los Quiñoneros, Villa de Brihuega, El Tolmo, Princesa Elima, La Peña Bermeja o El Torreón son sólo algunos de los restaurantes en los que se puede aplacar con arte el hambre del día. Y si uno es más de tapas o refrescos opte por La Celestina, Carlos III o La Alcarria. También puede pernoctar en la propia Brihuega o en las pedanías que la circundan.

Y si se enamora del lugar, como seguro que ocurre, cómprense una casa y véngase a vivir. Manuel Leguinece, maestro de reporteros españoles, tuvo aquí su casa. Entre estas piedras se retiró a vivir después de tanto viaje y tanta guerra. Aquí, entre fuentes, jardines, piedra y sombras, encontró la felicidad. Pruebe a buscarla, aunque sea tan sólo en una breve visita.

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