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Cáceres y el rencor

A Fernando lo asaltaron una noche para robarle el coche. Le pegaron un tiro en la cabeza. Perdió un ojo y quedó en silla de ruedas. Dicen que nunca emitió una queja ni se compadeció de sí mismo, que no perdió la esperanza, la ilusión ni el buen ánimo, que no se permitió llorar. Cáceres y el rencor. Algunos años después fundó el club de fútbol que lleva su nombre y cuyos colores reflejan el estado de ánimo de su fundador. El negro por haber estado cerca de la muerte, el rojo por la pasión de vivir y el blanco por la esperanza, que no perdió en ningún momento.

Cáceres jugó en Argentinos Juniors y River Plate antes de emprender su aventura europea. En España ganó la Copa del 94 con el Zaragoza y la mítica Recopa de París, aquella del gol de Nayim. También militó en el Celta y el Valencia. De vuelta a Argentina estuvo en Independiente y finalizó en Argentinos Juniors. Con la selección albiceleste disputó el Mundial de 1994. Recuerda perfectamente todo lo que pasó aquella noche fatídica. Tras salir del hospital le costaba hablar y reírse. Hoy puede hacerlo sin miedo, bromea y ya camina. Quizá es que no le pesa el rencor.

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