Home » Casillos y parideras

Casillos y parideras

Asociación Amigos Saelices de la Sal

Un pueblo no puede desarrollarse sin memoria y, en caso de que pudiera, cabría preguntarse, que clase de desarrollo sería aquel que olvida lo que ha sido y, por tanto, de donde viene. Traigo esta reflexión al hilo de una iniciativa que han tenido tres mujeres de Saelices de la Sal, un pequeño pueblo en el mar de la España vaciada, concretamente en la provincia de Guadalajara. Conscientes de que algo muy importante estaba a punto de desaparecer han decidido, al menos, rescatar su memoria. Y eso tan precioso no son ni más ni menos que unas rústicas construcciones de piedra fundamentales para explicar el pasado ganadero, no sólo de este pueblo, sino de muchos otros de la zona y, si me apuran, de gran parte de la geografía nacional. Estas construcciones eran de dos tipos: si se levantaban en la montaña estaban destinadas al resguardo del ganado ovino y caprino y llevaban por nombre “parideras” mientras que, si se erigían cerca del casco urbano tenían un tamaño más pequeño. Llevaban entonces por nombres “casillos” y su destino era la guarda de las gallinas, cerdos o los aperos de labranza. Quedan ya pocos, muy pocos, pero algunos se adivinan en el horizonte. En otros pueblos, con variaciones, esas parideras se llaman “taínas” o “chozones”. ¿Por qué es importante recordar esto?. Pues, a mi entender, porque no se trata sólo de edificios sencillos, de cuatro piedras bien o mal puestas, sino que son el depositorio de toda una forma de ser y de estar en el mundo. De una forma de “salir adelante” en unos tiempos difíciles, en una posguerra en la que todos salimos perdiendo. De allí, de las parideras y de los casillos salimos todos, salieron nuestros padres que trabajaron como burros (sí señor, como burros) y emigraron a las ciudades para darnos una educación y posibilitaron que, más tarde, pudiéramos acceder a la Universidad. De allí, de los casillos y las parideras donde se guardaba el ganado, las gallinas y los aperos, salieron nuestros parientes para que nosotros pudiéramos viajar en avión, utilizar un ordenador, leer, hacer un Erasmus y conformar el país que, en definitiva, somos hoy en día, con sus defectos y sus ventajas, que también las tenemos. Y eso se lo debemos a nuestros bisabuelos, abuelos, padres y madres que trabajaros trillando en las eras, que cuidaron el ganado en las montañas, que pasaron la noche en las parideras calentándose entre ovejas y cabras, que echaron de comer a los cerdos. Por eso es importante recordar como eran esas construcciones, esos casillos y parideras, porque es un homenaje a los que nos trajeron hasta aquí. Porque de esas cuatro paredes de piedra salimos nosotros. Gracias, gracias a todos.

2 comentarios en «Casillos y parideras»

  1. Me parece un trabajo genial, mi madre salió del pueblo, de los q luego todos considerábamos «el pueblo», a los 13 años a Madrid a lavar y fregar para los demás, x la pobreza terrible en un pueblo mísero de Ávila, para eso intentar mejorar aquella vida, y recuerdo q en los veranos cuando me iba con mi abuela, veía también casetas, siegas, trillas en las eras, y me encantaba, como recuerdo el olor al pasto, la tormenta casi inevitable en agosto, también con olor característico. Hoy es fantástico Internet, y todo lo q conlleva tanto adelanto, cuanto trabajo ha quitado una lavadora y q tiempo nos ha dejado libre para hacer otra cosa mucho más lúdica. Pero no es malo recordar aquella vida sus formas de vivir, es nuestra historia desde luego. Y es cultura aunque entonces no supiéramos q en unas pocitas de granito alargadas en las q jugábamos a diferentes cosas, resultaron ser unos enterramientos megalíticos. Te deja un poso del pasado q no me gustaría q se olvidara.
    Seguro q si hubiera interés y se financiarán esas cosas creo q tiene q haber algo más en su antigüedad, q explique x q un pueblo tan pobre, tiene una iglesia magnífica y una ermita pequeña y preciosa q en parte data del siglo XII, creo, suponiendo x suponer, tal vez en el medievo q la lana era una riqueza, el pueblo no era tan pequeño ni tan pobre. Q bonito sería poder saberlo. El pueblo se llama S. Juan del Olmo, otro tiempo Grajos…

    1. Estimada María Luz, lo primero pedirle disculpas por mi tardanza en contestarla. Efectivamente, lleva usted razón. Nuestras madres y padres salieron de los pueblos y nosotros estamos aquí y es por ellos. Y creo que es bueno recordar eso que ellos dejaron atrás y es una forma de ayudar al desarrollo de esa España olvidada. En fin, muchas gracias por su comentario. Que siga disfrutando usted de San Juan del Olmo. Un saludo. Esteban Provencio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.