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Donosti, la bella

Una visita a la ciudad perfecta

Tal vez sea una impresión, o puede que la realidad misma. El hecho es que uno creía, a pies juntillas, aquello de que no existían las ciudades perfectas y, en caso de que se dieran, serían muy aburridas. Después de varios días deambulando y visitando, después de unas jornadas disfrutando de Donosti, la bella, uno ya no tiene muy clara la veracidad de aquella sentencia. Mar, playa y montaña. Verde, mucho verde, todo el verde del mundo frente a un azul inmenso, inabarcable. Arquitectura clásica y moderna en armonía, cultura, un urbanismo amable, a la medida humana. Un tráfico moderado, transporte urbano, carriles bici, surf, gastronomía…¡basta, me quiero quedar!, ¿dónde me hago socio de la Real?

La línea 16 conecta el monte Igeldo, sobre la playa de la Concha, con el resto de la ciudad. Esta atalaya verde acoge numerosos hoteles, pequeños y tranquilos. Te hospedas en el campo mirando a la ciudad. Apenas a unos minutos. ¡Qué lujo!. La primera parada de importancia del autobus es la entrada del Funicular. Más de 100 años subiendo y bajando el monte hasta un parque de atracciones que conoció mejores tiempos. La subida, aún así, es obligada. Quizá sean las mejores vistas de toda la ciudad..eso sí, desaconsejable para el que sufra de vértigo. Una vez abajo es aconsejable un paseo siguiendo la línea de la costa.

Chillida

Primero giraremos a la izquierda. Tras un pequeño paseo llegaremos hasta el Peine del Viento. Sobrecoge. El hierro de Chillida (portero de la Real Sociedad, por cierto) está a expensas del viento, del agua, de la espuma de las olas. ¡¡Te sientes tan frágil!!. Es lo que tiene el mar, que le pone a uno en su sitio. En fin, a la vuelta veremos ya las playas, que San Sebastián tiene tres.

Tres playas…dependiendo de la hora en la que nos encontremos. La primera la de Ondarreta y la segunda, la de la Concha. Cuando baja la marea son dos, separadas por el conmunmente conocido como “pico del Loro”. Sin embargo, cuando la marea sube, ambas playas se unen. La tercera es la de Zurriola, al otro extremo de la ciudad, junto a la desembocadura del río Urumea. La reconocerán por la figura inconfundible del Kursaal, sede del festival de cine.

Una de las cosas que sorprenden al pasear por «La Bella Easo», que sorprenden muchas, es el sello deportivo de la ciudad. Tenis, surf, bicicletas que van y que vienen, veleros, juventud nadando (“tíremente una monedita jefe”…). Los chicos y chicas comienzan a jugar al fútbol en la arena de la playa. La ciudad, por cierto, se artícula en torno al paseo de la Concha, con su sempiterna e inconfundible barandilla blanca. Al final del mismo nos encontramos el centro y la parte vieja. Estamos en uno de los mitos, unos de los centros inconfundibles de San Sebastián. Llegamos al Ayuntamiento y, en un área localizada, tenemos tal vez lo más granado de la ciudad: la Diputación, la iglesia de San Vicente, la plaza de la Constitución y Santa María Eliza, donde está ubicado el Museo Diocesano.

Parte vieja

Estos tres últimos monumentos están dentro de un área que no se puede dejar de visitar (¿cuantas veces hemos dicho esto ya?). En las horas punta la parte vieja de San Sebastián es un hormiguero de turistas entrando y saliendo de tiendas pero, sobre todo, es un trajín de tabernas en busca de sitio, literalmente a codazos, para consumir los mejores pintxos del mundo. Un consejo, si pierde usted a alguien en la parte vieja de San Sebastián, no le busque, déjele que disfrute.

Pero aparte de la zona vieja, Donosti tiene más símbolos y dos de ellos llevan nombre de reina. No se encuentran lejos de allí. Son el Teatro Victoria Eugenia y el Hotel María Cristina, los dos juntos, frente al río Urumea, a pocos metros del Kursaal. Si seguimos caminando por esta acera, saliendo ya a la desembocadura del río, rodearemos el monte Urgull, por detrás de la parte Vieja. Siéntese, por favor y contemple la inmensidad del mar. También podemos subir y ver el Cementerio de los Ingleses y el Castillo de la Mota. Si optamos por rodearlo terminaremos en el Aquarium y el Museo Marítimo, joyas ambas de San Sebastián. Después saldremos de nuevo al Ayuntamiento y a la ciudad. ¿Terracitas para tomar algo? A montones.

Miramar

Por el camino nos hemos dejado cosas, que todo no se puede abarcar. La catedral del Buen Pastor, el edificio religioso más vertical y espectacular de toda la capital; el Museo de San Telmo o la espctacular la Plaza Guipúzcoa, con el edificio de la Diputación Foral.

Volviendo a atravesar el paseo de La Concha nos encontramos con el Palacio y el Parque de Miramar. Están frente a la playa, mirando al Pico del Loro que divide La Concha y Ondarreta. Son de estilo inglés. La reina María Cristina, que dejó tanta impronta en la ciudad, encargó su construcción cuando decidió veranear aquí. Ella terminó de condicionar el futuro turístico de la urbe.

Pasee por el jardín de Miramar y rece porque sea una día de txirimiri, que el césped y las flores son más bonitos con lluvia. En realidad, Donosti es precioso con lluvia y con sol, con brillo y con nubes. Lo bueno de San Sebastián son sus calles, sus edificios señoriales, sus galerías de arte, sus cuidades jardines, sus señoras mayores tomando café y, por encima de todo, la sensación, real o tal vez no, de que todo funciona bien y de que todo, absolutamente todo, está donde tiene que estar. Justo en su sitio.

Página oficial de turismo de San Sebastián: https://www.sansebastianturismoa.eus/

Página oficial Ayuntamiento: https://www.donostia.eus/

Autobuses urbanos: https://www.dbus.eus/es/

Agenda cultural: https://www.donostiakultura.eus/es/agenda

Como llegar a San Sebastián

Desde Madrid:A1 y AP1 (459 kms…4,30 horas)

Desde Barcelona: AP15 y AP2 (571 kms…5,24 horas)

Desde Zaragoza: AP68, A15 y AP15 (264 kms…2,42 horas)

Consultar opciones en tren, avión y autobús.

*Con la colaboración de Carlos Cid (donostiarra de pro)

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