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El arquitecto y el estilo

Juan de Herrera, creador de El Escorial

«Última etapa del renacimiento español. Fue depurándose de los adornos del plateresco hasta el purismo clásico. Derivó en la completa desnudez». Tal vez para los ajenos a la Historia del Arte sea algo ininteligible esta definición del estilo herreriano. Sin embargo, si alguna vez han estado frente a la fachada del Monasterio de El Escorial comprenderán, en toda su extensión, el significado de la arquitectura sobria y austera de Juan de Herrera. Fue el constructor de cabecera de Felipe II y dejó obras inmortales. El arquitecto y el estilo.

El 31 de octubre de 1517 Martín Lutero clavaba en la iglesia Palacio de Witternberg sus famosas 95 tesis iniciando, así, la Reforma Protestante. La iglesia contratacó en el Concilio de Trento, que encontró en Felipe II un férreo defensor de la fe católica. El monarca quiso que España encabezara la oposición a la reforma de Lutero. Así, el espíritu de este movimiento impregnó la estética arquitectónica, que quedó marcada para siempre por el gusto purista y sobrio impuesto desde la corte de Felipe II.

El ejecutor de ese purismo estético no fue otro que el arquitecto Juan de Herrera, nacido en 1530 en lo que es hoy la Comunidad de Cantabria. Comenzó como guardia de Carlos V, tiempo en el que se formó en arquitectura, en geometría, matemáticas y astronomía. Incluso tocó la alquimia. Sirvió al emperador hasta su muerte en Yuste y después pasó al servicio de su hijo Felipe II, monarca que marcaría toda su carrera. Su obra toda se desarrolló bajo el reinado de este monarca, pero influyó mucho más allá de su fallecimiento. El estilo herreriano define la arquitectura de los Austrias y se extiende por todo el Imperio Español.

Austeridad

La arquitectura de Juan de Herrera es rígida. Sus edificios son muy horizontales, simétricos, con torres de pizarra, linternas o chapiteles en los que se habilitan buhardillas y chimeneas. En la mayoría de los casos son obras monumentales que impresionan por su gran austeridad y su práctica ausencia de decoración. Esta se reduce al uso de formas geométricas básicas. Su obra cumbre fue el Monasterio de El Escorial, un monumento de gran importancia ya que simbolizaba el centro imperial del mundo católico.

La construcción, sin embargo, la comenzó Juan Bautista de Toledo. Juan de Herrera empezó a trabajar en las obras en 1563. En 1572 asume oficialmente la dirección de las obras, que finaliza en 1584. Una vez al mando modificó los planos y los amplió. Construyó la fachada occidental, la gran basílica y el templete del patio de los Evangelistas. Además cambió las técnicas constructivas y modificó las cubiertas. Destacan la maestría de sus bóvedas planas. También diseñó ingenios y herramientas aplicadas a la construcción.

Después de El Escorial (que no tardó tanto tiempo en construirse como se dice comúnmente) Felipe II encargó a Herrera la Catedral de Valladolid. Estababa destinada a convertirse en la más grande de toda Europa. Sin embargo la falta de recursos y la complicada cimentación del templo la dejaron en poco menos de la mitad. A pesar de quedar inconclusa sirvió de inspiración para otras catedrales como las de México o Lima.

El Renacimiento

Pero Herrera no era hombre de quedarse quieto, era polifacético, el Renacimiento personificado, al fin y al cabo. Por eso, a la vez que dirige las obras de El Escorial, realiza diferentes proyectos por la geografía española. Así, llevan su inconfundible marca la fachada sur del Alcázar de Toledo (1571-1585), la Lonja de Sevilla (1583), la Casa de la Moneda de Segovia (1583) o el Archivo General de Simancas (1584). También dejó su impronta en el Palacio Real de Aranjuez, donde se había iniciado en la arquitectura en 1561. La Casa Consitorial de Toledo o el Puente de Segovia, (que a día de hoy sigue siendo el más antiguo de Madrid) son algunas otras de las construcciones donde dejó marcado su estilo. En Aranjuez también proyectó la ampliación del Jardín del Rey. También es autor del proyecto y plantación, en el jardín del Palacio Real de Aranjuez, de una gran alameda paralela al río, situada en el Jardín de la Isla.

En 1579 Herrera es nombrado Inspector de Monumentos de la Corona, lo que contribuye a una rápida expansión por toda España de su estilo. En 1583 funda la Academia de Matemáticas y Delineación (antecedente de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales). Se convierte en su primer director. Juan de Herrera muere en Madrid en 1597. Sus restos están depositados en la actualidad en la iglesia de San Juan Bautista, en la localidad cántabra de Maliaño. Su obra, pura, austera y sobria, sigue presente hoy. A la vista de todos.

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