Home » El monstruo de las galletas

El monstruo de las galletas

Al igual que en tantas otras cosas, tardé tiempo en darme cuenta de esto. Pero Triki, el monstruo de las galletas de Barrio Sésamo, no tenía garganta. Como sus otros compañeros Triki era un simple muñeco de trapo. No podía tragar. Pero entre tanto y tanto desperdicio, entre tanto trozo y migaja que salían disparados de su boca articulada pensábamos que sí, que algo terminaba engullendo.

¡Cómo parecía comer!, ¡que delicia de glotonería!. Eso es disfrutar. Uno piensa que el comer es uno de los placeres de la vida y que el yantar hay que hacerlo con verdadera pasión, como tantas otras cosas… los remilgos no son buenos para nada. Y a uno le fastidia que, con el paso de los años, ya no le pueda dar al diente como lo hacía cuando tenía veinte. Que es que ahora te comes un buen chuletón y ya estás con los problemas gástricos, y la sal de frutas. Pero, afortunadamente, hay un momento en el que me puedo sentar a la mesa y comer sin miedo.

Por la mañana me siento solo. Coloco mi tazón de leche y pongo al lado una torre de galletas María. En esos momentos me acuerdo de Triki, mi héroe de pelo azul. Despedazo cuantas galletas puedo y en cuantos trozos se posible. Convierto las redondas María en tantas migajas como desperdició en su vida aquel maravilloso muñeco de trapo. Las mojo en la leche y hago sopas. Y desoigo constantemente los gritos de mi familia “¡¡Tu crees que eso es una forma civilizada de desayunar!!”. No, tal vez no lo sea, pero me da absolutamente igual. Yo lo hago por el monstruo de las galletas, por todas las que no se pudo comer él mientras me divertía a mí y a tantos otros niños y niñas. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *