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En la costa vasco francesa

San Juan, Biarritz, Bayona…

En 1660 el Rey Sol, Luis XIV, se casó con María Teresa de Austria, hija del monarca español Felipe IV. Era una consecuencia más de la Paz de los Pirineos, que había puesto fin a un conflicto entre Francia y España iniciado durante la guerra de los Treinta Años. La boda se celebró en San Juan de Luz, una maravillosa localidad en la costa vasco francesa a tan sólo 10 kilómetros de la frontera española. Hoy la ciudad sigue recordando un pasado que tanta importancia tiene en la historia. Sin embargo, su día a día se centra sobre todo en el turismo. San Juan es una ciudad amable, tranquila, donde lo interesante (perdonen el lugar común) es dejarse llevar por los sentidos. San Juan es una ciudad para estar y para haber estado.

Es una ciudad para disfrutar del ajetreo de sus calles, de su playa, de su paseo marítimo y sus casitas con pasarela para salvar el desnivel. La arquitectura, la cuidada arquitectura tradicional vasca, es un todo un espectáculo. Siéntense a tomar algo en sus terrazas, disfruten de un tiempo maravilloso, fresco con algo de viento, muy lejos de las calurosas temperaturas que asolan otras zonas durante el verano. La gastronomía es otro de sus atractivos: pastelerías, helados, chocolates, especialidades tradicionales…

Después del refrigerio nos podremos acercar a la iglesia de San Juan Bautista, donde se produjo el enlace real; las casas donde se hospedaron los futuros esposos, la Casa de Luis XIV y la Casa de la Infanta, aún están en pie. Pueden admirarlas. Pueden también disfrutar con la música callejera, con el espectáculo de un puerto que antiguamente fue refugio de corsarios. También en el puerto, aunque ya en la localidad de Ziburu, está la casa natal del músico Maurice Ravel.

A poco que sea buen observador se dará cuenta que San Juan es un destino mayoritario para turistas de alto nivel adquisitivo. Un turismo que entra y sale de comercios exclusivos, con escaparates propios de barrios ricos de grandes ciudades. Si le gustan los coches de alta gama permanezca sentado un rato en un banco y verá pasar unos cuantos. Seguro. Pero no se asuste. Como hemos dicho, todo el mundo puede y debe ir a San Juan de Luz. Es uno de los destinos imprescindibles del norte (o del sur, según se mire).

Biarritz

Hendaya, Hondarribia, Guetaria… la lista de localidades de la costa vasco francesa que merece la pena visitar es interminable. En realidad no se puede hacer una lista: hay que visitarlas todas. Nosotros, después de San Juan de Luz, nos decidimos por otra cuyo nombre evoca aires de aristocracia o, por lo menos, de muy bien adinerada. Como muchas localidades costeras Biarritz tiene una historia paralela a otras, un pueblo humilde que vivía de la pesca de ballenas hasta que la nobleza lo descubrió. Fue a mediados del siglo XIX. Desde entonces palacios, museos, playas, iglesias…

En Biarritz hay también una capilla imperial, la de Napoleón III y su esposa, Eugenia de Montijo, que fue precisamente la “descubridora” del lugar. El Art Decó ocupa un lugar principal en la arquitectura de la ciudad, con su icónico Casino frente a la playa, y el Museo del Mar o Acuario, una visita obligada para los amantes del mundo marino. El Hotel du Palais, anterior a este, también ocupa un lugar exclusivo en la línea de costa. Es un hotel de lujo estilo Segundo Imperio.

Y puestos a hablar de símbolos, aunque en este caso sea inmaterial, no podemos dejar de hablar del surf. Dicen que entró a Europa por aquí. Estamos a cinco kilómetros de la playa de Bidart, la playa del surf por excelencia. Tampoco nos olvidamos de los balnearios. Esto es Biarritz, a 19 kilómetros de San Juan de Luz.

Bayona

Y para finalizar este trayecto por la costa vasco francesa recorremos los algo más de 8 kilómetros que nos separan de Bayona. Arquitectura tradicional vasca en vena. Impresionante junto a los ríos Nive y Adur. Tres preciosos barrios como son Grand Bayonne, Petit Bayonne y Saint Esprit. Castillo viejo y castillo nuevo.

La catedral de Santa María se construyó entre los siglos XIII y XVI y en 1998 fue declarada Patrimonio Mundial de la Unesco. Imprescindible visitarla. No olviden tampoco la iglesia de Saint-André. Las calles del centro y las orillas del río Nive son ideales para disfrutar de una gastronomía suculenta (estamos en el País Vasco). Para compras, la Rue d’Espagne. La localidad es también parada obligada para los aficionados a los toros y es que Bayona es considerada históricamente la primera ciudad taurina de Francia.

Con nuestras compras en la mano y el sabor de sus platos aún en la boca nos despedimos de Bayona, de su magnífica catedral gótica, de su mercado y de su casco histórico. Hemos estado en la costa vasco francesa. Despacito nos volvemos para San Sebastián, al otro lado de la frontera. Menos de 60 kilómetros hay. Al lado estamos.

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