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Amigo Félix

Carátula de la edición de «El hombre y la tierra. Fauna ibérica», de TVE

Aún recuerdo, como si fuera hoy mismo, cuando comenzaba la sintonía compuesta por Antón García Abril. Entonces mi padre me llamaba “corre, corre, que ya está empezando” y yo, pequeño como era, obedecía alegre. Acudía rápido, me sentaba en el sofá junto a él y comenzaba a vivir, en blanco y negro, un espectáculo maravilloso. Bajo la inconfundible voz de Felix conocí los árboles, los bosques, los ríos, las montañas, las águilas, los ciervos, las nutrias…y los lobos. Vivía las experiencias del quebrantahuesos, los corzos, el lirón careto…y tantos y tantos animales que nos mostró.

Felix Rodríguez de la Fuente fue para mí, como creo que para muchos de los de mi generación, todo un referente. Gracias a él comprendimos la importancia de la naturaleza, del respeto y cuidado que se le debe dar. Y en mi caso particular tengo que agradecerle que eso lo aprendí viéndolo junto a mi padre. “El hombre y la tierra” es, sin duda, uno de mis recuerdos más entrañables. Tampoco olvido la mañana en que mi madre me despertó con la noticia “Ha muerto Félix”. No hacía falta preguntar más, porque en aquellos tiempos, en 1980, en España sólo había un Félix, y ese no era otro que Rodríguez de la Fuente. A mis siete años tardé en digerir la noticia pero, de aquellos tiempos, me acuerdo perfectamente de un tema del dúo “Enrique y Ana”. Cantaban para el público infantil. Decía “Amigo Félix, cuando llegues al cielo, amigo Félix, hazme sólo un favor, quiero ir contigo, a jugar un ratito, con el osito, de la Osa Mayor”. Han pasado más de cuarenta años y aún hoy se me siguen saltando las lágrimas al escuchar esta canción. Los niños nos quedamos un poco huérfanos.

En libertad

Hace tiempo viajaba a mi pueblo, de noche, cuando un zorro salió de la carretera y comenzó a correr en el haz de luz del vehículo. No lo pudo evitar. Lo atropellé. Comencé a llorar amargamente. A la vuelta paré a contemplar los campos y respirar algo de aire puro. Curiosamente se me cruzó otro zorro. Nos quedamos mirando mutuamente unos segundos. Le pedí perdón. No se por qué relaciono esto con Félix pero muchas veces, cuando veo un animal en libertad, es como si escuchara la voz y viera el espíritu de aquella persona que me marcó, que nos marcó a tantos niños y niñas de toda una generación. Gracias por tanto, doctor Rodríguez de la Fuente.

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