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Fino Seguntino, con historia

La bebida fue inventada en Sigüenza hace 75 años

La historia de la gastronomía está llena de recetas, de platos surgidos fruto de la mera casualidad, del juego o de la prueba. No sabemos muy bien donde encuadrar este cóctel, pero tiene detrás una curiosa historia que no nos resistimos a contar. Más de setenta años después, el “Fino Seguntino” continúa apagando la sed tras las barras de Sigüenza, la Ciudad del Doncel.

Esteban Provencio

En Sigüenza, cuando hace frío, hace mucho frío y en verano, cuando llega el calor, hace calor de verdad. Estamos en plena meseta castellana y aquí el mercurio no sabe de términos medios. Corría 1947 y no se sabe aún que era peor, si las bombas que habían cesado unos años antes o la escasez de la posguerra. La ciudad celebraba las fiestas de San Roque en medio del preceptivo calor de agosto. En el programa había prevista una novillada para aficionados. Participaba el torero local Paco Berlanga, apodado “El Fino”. Le había tocado un becerro con mala cara, pero estaba contento, había salido ileso del enfrentamiento. Lo malo era el calor, el pegajoso calor. ¡Tanto sudor y tanto polvo en la plaza! Pero había salido airoso del trance, había salvado el pellejo y esas cosas, quieras que no, había que celebrarlas. El Fino abandona el coso junto a su cuadrilla. Hay que darse un homenaje.

El grupo entra en el bar Casa Anguita y pide “un refresco”. El hostelero, entonces un joven Boni Anguita, le sirve al instante, tal vez por casualidad ocho partes de gaseosa y una de vermut rojo. La mezcla la corona, al final, con una última de espuma de cerveza. Acaba de nacer el “Fino Seguntino” un cóctel tan simple como refrescante y efectivo. Hoy casi ochenta años después, continúa sirviéndose en todas las barras de la ciudad de Sigüenza.

La historia de su creación la relata Javier Sanz, miembro de la Real Academia de la Medicina. Sanz dedica al Fino Seguntino uno de los capítulos su libro de cócteles “Mezclados”, editado por el restaurante de la ciudad “El Doncel”. Apunta en su obra Sanz que las partes de gaseosa deben ser de la marca ‘Segontia’, que se fabrica en la propia Sigüenza. El vermut rojo deber ser, a ser posible, de Reus, como en la receta original. La última, recordemos, es la espuma o fuerza de la cerveza. Ni que decir tiene que los hielos van por descontado.

Esteban Provencio

Hoy día se sigue sirviendo en cada establecimiento hostelero de Sigüenza y en cada uno le dan un “toque” especial. En todos es simple y tiene el mismo y rápido efecto: refrescante, suave…calma la sed al instante. Para honrar a los inventores, esos hosteleros de posguerra que dieron con el “eureka” y que han mantenido la tradición, Sigüenza ha establecido la Ruta del Fino Seguntino, Ya van por la quinta edición. Es uno más de todos los tesoros que tiene esta ciudad. Este es pequeño pero simple, mágico, maravilloso… Si pasan por allí (a 138 kilómetros de Madrid, a 199 de Zaragoza) no dejen de visitar su catedral, su castillo, su parque natural y sus muros medievales. Y cuando se sienten no olviden, de ninguna de las maneras, llevarse a la boca un “Fino Seguntino”. Historia viva en una copa. Les encantará.

Esteban Provencio

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