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Juanelo y el Artificio

El Renacimiento olvidado

En Toledo todo tiene su historia y su secreto. Todo sorprende. Sin embargo, a simple vista, hay ciertas cosas que llaman más la atención que otras. Le pasa a una de las calles cercanas a la catedral, concretamente la que bordea el claustro por su costado norte. Se llama “Hombre de palo” y su mera denominación incita a investigar, a querer saber qué hay detrás de ese curioso nombre. Las siempre interminables leyendas toledanas nos hablan de un autómata con forma humana revestido de madera. El interior, cuentan, tenía un sinfín de engranajes que le proporcionaban movimiento.

Dicen las crónicas que este autómata servía para pedir limosna, incluso para hacer recados a su dueño. Otros lo describen como un simple muñeco estático. En cualquier caso, la historia de este “Hombre de palo” ha quedado indefectiblemente unida a su inventor, un hombre, un genio injustamente olvidado en la historia española. En la capital imperial, sin embargo, es un auténtica leyenda.

Janello Torriani nació en Crémona en 1500 y murió 85 años más tarde en Toledo, ya conocido como Juanelo Turriano. Vivió y trabajó a las órdenes primero del emperador Carlos V y posteriormente de su hijo Felipe II. Fue ingeniero, inventor, matemático, astrónomo, arquitecto… En 1529 Carlos V le contrata y le nombra Relojero Real. Para él construyó dos relojes astronómicos. Uno de ellos, el Cristalino, se considera el reloj más preciso de la época, porque era capaz de indicar la posición de los astros en cada minuto. Turriano también participó en la construcción del palacio de Yuste para Carlos V.

Durante el reinado de Felipe II el polifacético genio obtuvo el título de Matemático Mayor. Bajo petición del Papa, recibió el encargo del monarca de presentar una propuesta para reformar el calendario. El informe que escribió con sus ideas es uno de los pocos documentos de Juanelo que se conservan. Su propuesta fue recogida como una de las aportaciones para la reforma del mismo. Su amigo Juan Herrera le encargó el diseño de las campanas del Monasterio del Escorial.

Juanelo y el Artificio

Pero a Juanelo Turriano se le recuerda, sobre todo, por inventar un sistema para subir agua del Tajo hasta Toledo. La obra, conocida como el Artificio de Juanelo, abasteció a la ciudad de agua durante décadas. Supuso una auténtica revolución, ya que de esta forma se evitaban los viajes para subirla hasta la ciudad. Estaba situada a unos 100 metros de altura sobre el río.

El genio había recibido el encargo de las autoridades de la ciudad. Querían un sistema que llevase agua hasta el Alcázar, el punto más alto de Toledo. Le prometieron que recibiría el dinero cuando el ingenio estuviese en marcha. Comenzó a funcionar en 1569. Subía el agua con un sistema hidráulico a través de palas y ruedas. La primera subida de agua se realizó en febrero de 1569. Suministraba a la ciudad 14.100 litros de agua al día. Nunca le pagaron. Y es que el Alcázar pertenecía al Rey, que se negó a compartir el agua con la ciudad. El monarca no quiso abonar a Juanelo el dinero de la obra dado que, argumentó, el no era quien había hecho el encargo. La ciudad, por su parte, al no beneficiarse del invento, tampoco quiso pagarle lo que habían acordado.

Por ello Juanelo construyó una réplica del ingenio que, en esta ocasión, llevaba agua a la ciudad. Fue en 1581. Se reservó los derechos de explotación. Le pagaron, pero no pudo hacer frente a los costes de mantenimiento y cedió el artificio a la ciudad. Dicen las crónicas que murió completamente arruinado. Hace casi quinientos años, pero la historia encuadra muy bien con ese “hombre de palo” dedicado a recoger limosnas en las calles de Toledo. Sin embargo lo de la miseria resulte tal vez exagerado, porque existen pruebas de que su hija y su nieto recibieron una pensión. Algo le pagaron, aunque el siempre se quejó.

Fama y olvido

La fama de Juanelo Turriano fue muy grande en su tiempo. Cervantes, Quevedo, Góngora, Lópe de Vega…todos los escritores del Siglo de Oro reconocieron su figura y su obra. Su fama traspasó las fronteras españolas. Incluso su Artificio puede verse en el cuadro “Vista de Toledo” de El Greco. Sus ingenios funcionaron durante décadas, aunque se fueron deteriorando por el uso y el robo de las piezas. Se desmantelaron finalmente en 1640. El genio murió en 1585 y fue enterrado en el desaparecido Convento del Carmen, unos metros por encima del lugar donde se levantaba su obra. Al fin y al cabo, Juanelo y el Artificio no terminaron tan lejos. Turriano, un auténtico hombre del Renacimiento, se convirtió en leyenda en la ciudad de Toledo, tal vez acompañando a aquel hombre de palo cerca de la Catedral.

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