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La libertad de María

María de Cazalla defendió una nueva espiritualidad en el XVI

Presentación de Don Juan de Austria con motivo del auto de fe del doctor Cazalla.

En su magistral obra “El hereje” Miguel Delibes recrea el auto de fe de Valladolid de 1559. Se mandó entonces a la hoguera a numerosos erasmistas y luteranos tratando de cercenar uno de los focos del protestantismo que habían prendido en la católica España. Agustín de Cazalla, clérigo humanista de familia judeoconversa, fue acusado de crearlo y terminó condenado. Previamente se le concedió la “gracia” de ser estrangulado. Muchos integrantes de la familia Cazalla fueron procesados en ese auto de fe.

Algún tiempo antes, concretamente en 1487, nacía en la localidad cordobesa de Palma del Río, María de Cazalla, otra integrante de la familia. Tras su matrimonio con un burgués de Guadalajara se trasladó a esta ciudad, donde desarrolló una labor que, en cierto modo, le llevaría por los senderos que, años después, recorrió trágicamente su familia en Valladolid. En la capital alcarreña María de Cazalla entró en contacto con “los alumbrados”, un movimiento heterodoxo a menudo confundido como precursor del luteranismo. Sin embargo la intención del grupo era, simplemente, profundizar en una visión más espiritual de la religión, de la relación con Dios. Por cierto, los “alumbrados” estaban auspiciados por lo más prominente de la sociedad de la ciudad.

Íntima y personal

María de Cazalla creía que la religión debía vivirse de una forma más íntima y personal, que los adornos externos eran algo superficial. Así siempre se mostró muy crítica con los objetos y ornamentos que utilizaba la Iglesia para los cultos diarios. Cuestionar a la Iglesia en aquellos tiempos ya era peligroso de por sí pero, que además, lo hiciera una mujer, doblaba la apuesta. Sin embargo María, mujer de sólida cultura (leía en griego la Biblia) tenía criterio y decisión. No le convencían ciertos sacramentos como la confesión, ni la comunión. En cierta ocasión María de Cazalla se le obligó a compra una bula. Ni corta ni perezosa gritó, con el documento en la mano:¡Mirad que traigo de cristiandad comprada!

Al hilo de los que conocemos hoy, María de Cazalla tuvo que ser una mujer “rompedora”. Ella misma se burlaba de las otras mujeres que seguían, sin rechistar, las devociones habituales. Lógico. Una constante fue luchar contra las ideas que reducían la vida de las mujeres a la maternidad y de equiparar la sexualidad con el pecado. Ella misma se atrevía a hablar sin pudor sobre su vida sexual y afectiva y es que una constante fue su idea de luchar. Así, dejó escrito “Estando con su marido en la cama estaba más cerca de Dios que con cualquier oración del mundo”. Y es que para María de Cazalla cualquier lugar era bueno para estar, para encontrarse con Dios. Ella misma lo dejó escrito: “Qué ceguedad es esta de las gentes que te determinan lugares donde estés, siendo infinito: que te buscan en un templo de cantos y en sí propios, que son templos vivos, no te hallan ni te buscan”.

Predicadora

En 1522 comenzó a predicar desafiando la prohibición que pesaba sobre las mujeres. Sus prédicas, destinadas a divulgar y dar a conocer las Escrituras, iban dirigidas fundamentalmente a auditorios femeninos. Este espíritu “predicativo” -que postulaba una aproximación a Dios a través de la palabra y del conocimiento- surgía del propio amor por El Creadir. Este liberaba de las ataduras, de participación en los ritos y ceremonias, de la autoridad clerical y patriarcal. Por tanto planteaba la relación con lo divino como una vivencia personal, sin intermediación eclesiástica. Y eso, en tiempos de un absoluto poder de la Iglesia, las autoridades no lo podían tolerar.

María de Cazalla fue interrogada por la Inquisición en 1525 y entró en prisión en 1532. Su proceso duró hasta diciembre de 1534, y en él se conjuntaron luteranismo, erasmismo y alumbrados. Fue sometida a tortura. Finalmente fue absuelta de los cargos más graves, sometida a vergüenza pública en una iglesia de Guadalajara y multada con cien ducados. Se le prohibió volver a mantener relación con sus antiguos compañeros.

Sobre su vida y obra hay varios libros. En Díasydelicias.es les recomendamos “Las noches oscuras de María de Cazalla” (Mujer, Herejía y Gobernabilidad en el siglo XVI), de Alvaro Castro Sánchez o “María de Cazalla (1487-?)” de María Laura Giordano. En ambos encontrarán el testimonio de una mujer que se atrevió a pensar por sí misma, a plantear otra forma de acercarse a Dios. En definitiva, alguien que fue libre. No fue la única, seguro. El hecho es que quisieron borrarlas de la historia. Seguiremos tratando se sacar a la luz vidas.

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