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La primera arqueóloga

Encarnación Cabré, pionera

Las piedras, las cuevas, los restos que nos hablan del pasado. Encarnación Cabré sentía pasión por la historia enterrada, por la que pedía a gritos ser desempolvada y contada al mundo. Desde pequeña las excavaciones y las culturas antiguas formaron parte de su día a día. Su padre, Juan Cabré Aguiló, fue uno de los arqueólogos españoles más destacados de principios del siglo XX. El estudió la pintura prehistórica y fue descubridor, a partir de 1903, de las primeras obras del arte rupestre levantino. Ella le acompañó y se convirtió en la primera arqueóloga de este país. Con su vida inauguramos nuestra sección de biografías.

Su vocación y sus primeros trabajos no se entienden separados de los de su padre. Sin embargo su estrella, la de Encarnación Cabré, brilló con luz propia. Fue una adelantada y marcó, sin duda, el terreno para que muchas otras pudieran seguir después su pasión. La primera arqueóloga española tiene una historia digna de sacarse a la luz, como los tesoros que ella iba descubriendo.

Nació en Madrid en 1911. Con 17 años ingresó en la Universidad Complutense de Madrid para estudiar Filosofía y Letras, sección Historia. La formación la completó con estancias en distintos países de Europa, principalmente en Alemania. A nivel práctico seguramente era impagable lo que aprendía con su padre. Un repaso a las fotografías históricas que Juan Cabré realizaba en todas sus excavaciones muestra a su esposa y a sus dos hijos. No separaba familia y trabajo. Y ahí estaba siempre presente Encarnación, a pie de obra.

Ya desde joven comenzó a asistir a congresos arqueológicos. En 1929 participó en el IV Congreso Internacional de Arqueología de Barcelona, donde presentó el único estudio realizado por una española. En 1930 estuvo en el XV Congreso Internacional de Arqueología y Antropología Prehistórica, en Lisboa. Su fotografía apareció en las primeras páginas de los periódicos. Llamaba la atención porque era la primera y la única mujer en España dedicada de manera profesional a la arqueología. Se ganó el apodo de “Miss Congress”.

Doctorado

La primera mitad de los años treinta sería de intensa actividad para Encarnación Cabré. En 1932 comienza el doctorado en la Universidad Complutense. El curso 1933-1934 inicia su tarea docente. Lo hizo como profesora de Historia y Geografía en el Instituto-Escuela de Madrid y también como profesora-ayudante en el Departamento de Arte de la Universidad Complutense. En el curso 1934-35 obtiene una beca de la Junta Superior de Ampliación de Estudios para realizar cursos de Prehistoria y Etnografía en las Universidades de Berlín y Hamburgo.

A finales del verano de 1934 participa, junto a su padre, en otra nueva campaña en la Cueva de los Casares, en Riba de Saelices (Guadalajara). Ella fue la encargada de copiar los grabados rupestres paleolíticos descubiertos. También fue la encargada, posteriormente, de dar a conocer el yacimiento en Alemania. Su trabajo y el de su padre fueron fundamentales para que La Cueva de los Casares fuera declarada, en 1934, como Monumento Nacional. Precisamente este hallazgo, junto con sus estudios de la Colección Cerralbo y los realizados en la necrópolis del Altillo de Cerropozo, también en Guadalajara, son algunas de las aportaciones más destacadas de Encarnación Cabré.

Encarnación Cabré, a la derecha de la imagen, ante la Cueva de los Casares (Riba de Saelices, Guadalajara)

Continúa en todos estos años Encarnación con su febril actividad y así, en 1934 impartió una serie de conferencias sobre arte musulmán en el Instituto-Escuela. Con esta institución realizó posteriormente un viaje al Marruecos español en calidad de profesora y otro a Alemania para impartir clases de arte español y buscar material bibliográfico y artístico para el departamento de arte de la Universidad Complutense. Entre 1934 y 1936 tomó parte en las Misiones Pedagógicas de la Segunda República para sacar a la población española de su retraso cultural. Viajó por Francia, Alemania, Austria, Checoslovaquia, Italia y Suiza.

Tras la guerra

La Guerra Civil supuso un paréntesis en la carrera de Encarnación Cabré. La familia rechazó la evacuación por lo que ella, junto a su padre, participó en la salvaguarda de fondos del Museo Cerralbo y el Arqueológico Nacional. A pesar de todo ello, tuvo tiempo para finalizar su tesis doctoral. Tras el fin de la guerra Encarnación no pudo volver a la universidad como profesora. Se casó, tuvo ocho hijos.

Sin embargo no dejó su pasión y en las décadas de 1940-60 publicó trabajos en revistas y congresos para mantener viva la memoria de su padre. De nuevo en 1974 retomó su labor científica con la publicación de 25 trabajos sobre la Edad del Hierro en la Meseta. Su última aparición pública fue en 1988. Falleció en 2005.

Catorce años después el Congreso de los Diputados aprobó por unanimidad instar al Gobierno a que le dedicara el jardín del Museo Arqueológico Nacional. Hoy, una placa allí recuerda lo mucho que hizo Encarnación Cabré, la primera arqueológa española. La ciencia y las mujeres, todos, estamos en deuda con ella.

Fuentes: Wikipedia, mujeresconciencia.com, www.ub.edu, dbe.rah.es. «Investigaciones en las Cuevas de los Casares y de la Hoz 1934-1941)

Fotografías: Instituto del Patrimonio Cultural de España, Ministerio de Cultura y Deporte.

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