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Ligero de equipaje

“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla…” Así comenzaba el maestro Machado el inmortal poema “Retrato” en el que repasaba su vida. De la infancia andaluza a la juventud castellana, de su torpeza seductora hasta la flecha de amor que Cupido le lanzó y que él, obediente, recibió sin rechistar. Siempre me ha gustado Machado, don Antonio. La nostalgia que destilan sus líneas, la utopía, las preguntas sobre la vida…las letras sin florituras ni adornos innecesarios. Seria y adusta, como el viento que sopla en Castilla, áspera pero bella, como la piedra gastada de sus iglesias, conventos y ermitas. Es difícil quedarnos con algún poema de don Antonio (¡cómo olvidarnos del Olmo viejo!) pero, si hemos de forzar, sería este nuestro elegido. En él Machado resume perfectamente su personalidad y su vida.. su ideal revolucionario o reformista, pero también su carácter sereno, su tendencia a la introversión. Anticipa don Antonio, como si fuera un augur, su triste y pobre final. Tras pasar la frontera francesa con los refugiados republicanos Machado es acogido en la pensión Bougnol-Quintana, de Colliure. Allí se turnaba con su hermano para bajar a desayunar porque sólo disponía de una camisa. Tardó poco en morir.

“Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo, ligero de equipaje…

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