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Los ojos azules y la felicidad

Tuvo dinero y reconocimiento mundial. Le admiraron millones de mujeres (y hombres) por su belleza, por su arte y sus inconfundibles ojos azules. Las suyas se cuentan entre las grandes obras de la historia del cine. Tuvo el honor, en dos ocasiones, de recibir el máximo galardón de la industria cinematográfica: un Oscar al Mejor Actor y otro honorífico por su Trayectoria Profesional.

Se puede decir, sin lugar a dudas, que Paul Newman lo tuvo todo, absolutamente todo en vida: fama, riqueza, honores…. incluso experimentó en sus carnes el dolor más terrible que puede sufrir una persona: ver morir a un hijo. Newman fue una persona grande, tanto como los personajes que interpretaba delante de las cámaras. Lo fue incluso tratando a los más pequeños o desfavorecidos, que es cuando realmente se demuestra la magnitud de una persona.

Una vez, después de todo el dinero ganado, de todas las películas y los premios, de ver su nombre en luces brillantes, de ser entrevistado y adorado como uno de los mejores, le preguntaron a Newman qué era para él la felicidad. Respondió el actor de una forma simple, pero contundente. “Para mí, la felicidad es ver una película sentado en el sofá, abrazado a mi mujer, comiendo los dos unas palomitas”. No he encontrado, ni creo que lo haga, una definición tan ajustada a la realidad. Gracias, señor Ojos Azules.

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