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No es más limpio

Como cualquier otra noche, hace unos días fui a tirar la basura. Llevaba dos bolsas en la mano, una muy abultada y otra más pequeña…. La grande contenía plástico y latas y la más reducida los desperdicios orgánicos. A la vuelta a casa se lo comenté a mi mujer. “Claro”, me espetó, “siempre pasad lo mismo ¿no te habías dado cuenta hasta ahora?”. No le suelo prestar mucho caso a estos asuntos pero, al día siguiente, hice una comprobación. Fui entonces a hacer la compra al súper y me fue imposible, absolutamente imposible, comprar algo que no generara desperdicios de plásticos, latas o cartón.

Les desafío a que ustedes también hagan la prueba. ¿Quieren pizzas? Están envueltas en plástico. ¿Leche? En plástico o tetra-brik. Las magdalenas vienen en bolsas de plástico y, cuando las abres, cada una de ellas está envuelta a su vez de nuevo en el mismo material. Yogures, champú, congelados, patatas fritas, mantequilla. ¡Ya hasta la fruta la venden en plástico! Medio melón o media sandía, ¡envueltos!. Kiwis, en una bandejita envuelta también…y la que te venden suelta te la ponen en una bolsa de plástico. Hasta el pan te lo dan en una bolsa de papel con una banda de plástico trasparente…

Y luego, después de todo esto, a uno le entra una cierta risa floja cuando los anuncios en la televisión insisten en que sea el consumidor el que recicle. Otra cosa sería hablar sobre la forma de reciclaje que se practica en España que tampoco, a mi juicio, es la más correcta. Pero déjenme que les cuente una cosa: hace unos años estuve trabajando en una ETT. Me mandaron a una empresa que fabricaba envases de plástico. Hacían botecitos para aceitunas, ensaladas, zumos… Tenían cuatro grandes máquinas. Debíamos recoger la producción y rechazar las unidades defectuosas, envases y tapas. Cada máquina, creo recordar, producía unas 50.000 unidades por turno (50.000 x 4 = 200.000 o, lo que es lo mismo, 600.000 por día).

Yo puedo y voy a seguir reciclando pero, de verdad, con esas cantidades (y era una fábrica muy pequeña), me parece ridículo que la presión del reciclaje se ponga exclusivamente sobre el consumidor. No se, a mi siempre me han enseñado aquello de que “no es más limpio el que más limpia…”

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