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Nueva York con acento español

Alicia en el País de las Maravillas

Muy a menudo, mucho más de lo que nos parece a simple vista, no se precisa ningún tipo de oficialismo para hacer efectivas las cosas. En realidad, los títulos, los nombramientos y las medallas solo sirven para ser enmarcados y lucidos en los salones y, llegado el caso, reclamar derechos que terminarán saltando por la ventana ante la palmaria realidad de los hechos. Así, no hay ninguna ciudad que ostente el título de “capital del mundo” pero todos, sin lugar a dudas, sabemos cuál es esa urbe ¿verdad?

Pues sí, aunque no se diga en ningún sitio Nueva York es la capital del mundo occidental. Es la ciudad hacia donde se dirigen todas las miradas de los negocios, de la moda, de las tendencias. Es el sitio en el que “hay que estar si quieres ser”.  La “Gran Manzana” es ese lugar reconocible en el que todos hemos estado por haberlo contemplado multitud de ocasiones en las pantallas. Todos conocemos Central Park y la Estatua de la Libertad, la imagen icónica de la ciudad y una de las más emblemáticas del mundo. Sabemos que en Wall Street está la Bolsa que hace ricos y condena a la pobreza a millones de seres humanos en todo el mundo. ¿Cuántas veces habremos cruzado el puente de Brooklyn, habremos contemplado iluminado el Empire State y las Torres Gemelas, antes de los atentados? Todo, todo en Nueva York es un auténtico icono del mundo occidental.

De Creeft

Pero la gran urbe tiene otro emblema reconocido, en el cual me gustaría centrarme hoy. Tal vez no destaque ante la altura de las inmensas moles de sus interminables rascacielos. Está hecha a la medida del ser humano. Más bien de los niños y niñas que disfrutan jugando con ella, porque así debería ser el arte. También la hemos visto en infinidad de series y películas. Me refiere al grupo escultórico de “Alicia en el País de las Maravillas”. La protagonista está sentada sobre una gran seta, junto al Conejo Blanco, el Lirón y el Gato de Cheshire. Fue promovida por el filántropo local George Delacorte en honor a su esposa Margarita, que solía leer el libro.

El creador de la misma fue el escultor español José de Creeft (Guadalajara 1884-Nueva York 1982). De Creeft, que dio sus primeros pasos como aprendiz en Barcelona, pasó posteriormente a Madrid en 1900, donde trabajó con Agustín de Querol. En 1905 estuvo en París y entró en contacto con artistas de la talla de Picasso o Rodin. En 1929 se instaló en Estados Unidos y once años más tarde consiguió la nacionalidad norteamericana. A finales de los sesenta realizó su obra más carismática. Hace las delicias de pequeños y mayores, porque pueden apoyarse, subir y bajar de ella. “Alicia en el País de las Maravillas” es otro icono de la Gran Manzana, esta vez con acento español. Si pasan por allí, no dejen de verla, volverán a ser niños de nuevo.

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