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Patrañas

Impagable, como poco, fue el documental que dieron la semana pasada sobre los comienzos y el desarrollo de la Primera Guerra Mundial. Creo que fue en La 2. No estoy seguro. Hablaban de las estrechas relaciones de parentesco entre  las distintas monarquías europeas. Al fin y cabo, la sangre real siempre ha tendido a la endogamia. Al final, cuando decidieron tirarse los trastos a la cabeza, revistieron la riña familiar de derechos sagrados, de banderas, de honor y de ofensas patrias. Mandaron a otros a pelear. Siempre lo hacen, siempre ponen la misma excusa y siempre los demás picamos. Según veía las imágenes y escuchaba la narración, el pueblo marchó enardecido a la guerra. Los jóvenes ocuparon barcos y trenes llenos de alegría. “Creían que iban a una excursión campestre que duraría unos días”, decía el locutor, “muy pronto descubrirían la triste y cruenta realidad”.

Y es curioso que nadie parecía reprochar a sus dirigentes una guerra que ellos, los que la habían decretado, habrían de contemplar desde la barrera. Únicamente en Francia un intelectual se opuso. Dijo que la única forma de parar ese sinsentido era la unión de los obreros de todos los países. Se llamaba Jean Jaurés. Le asesinó un fanático nacionalista. Son los peligros del nacionalismo exacerbado, de las banderas, de los símbolos, de los derechos divinos, de la patria y la madre que la parió. Son las artimañas de todos esos que no han hecho más que mandar carne de cañón a las trincheras. Y lo han hecho utilizando siglo tras siglo las mismas patrañas. Dijo una vez Pérez Reverte que el ser humano seguirá matándose hasta el fin de los tiempos (fueron más o menos así sus palabras). Pero no estaría de más que  los que las decretan cogieran un fúsil y defendieran la patria, la bandera y los intereses económicos que llevan pegados. Ya sé que soy un poeta y un soñador, pero prefiero la utopía que nos hace crecer a la realidad que envilece y mata. Y seguiré soñando, siempre, con ese mensaje que una vez vi, en alguna parte: “¿Y si hubiera una guerra y no fuéramos nadie?”

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