Home » Pertenecer a la tierra

Pertenecer a la tierra

Es uno los programas que aportan más valor al panorama televisivo actual. “Volando voy” nos descubre pueblos, situaciones, historias reales de vida, segundas oportunidades… y lo hace mostrándonos un mundo, el rural, que está en franca decadencia. Jesús Calleja sabe sacar con naturalidad el relato de los protagonistas alternando momentos amenos con otros de ternura. El último programa siguió el guión más o menos establecido del formato. Entrevista a los naturales del pueblo, a los habitantes más mayores y a los jóvenes que han apostado por la zona. Una de ellas decidió establecerse en el pueblo e iniciar un emprendimiento agrario. Adquirió, o le prestaron, un terreno. Calleja la subió en el helicóptero. A la vista de la parcela desde el aire el presentador le comentó: “ese es el terreno que te pertenece, ¿no?”. Y la joven le corrigió “no, yo pertenezco a ese terreno, en realidad yo pertenezco a la tierra, todos pertenecemos a la tierra”.

Me quedé largo rato pensando en esa frase. “Yo pertenezco a la tierra”. Porque, en realidad todo o casi todo lo que ha hecho el ser humano en su historia ha sido como si la naturaleza, la tierra, le fuera ajena. Como si el requisito para su progreso y su bienestar fuera luchar contra la tierra. Derribar montañas, horadar túneles, desviar ríos, remover tierras, hacer canales, talar bosques…y todo, siempre, se ha glorificado históricamente como “la gran lucha del ser humano”. ¿Lucha contra quién?, ¿contra nuestro hogar?, ¿contra el huerto que nos da de comer?. Al final, lucha contra nosotros mismos.

Extraño

El ser humano ha ido poco a poco refugiándose en megaciudades que le han desconectado de su raíz más fundamental, la de su pertenencia a la tierra. Le han ido enajenando del campo, de las estaciones, de las lluvias, del crecimiento de las plantas. El ladrillo y el cemento le han hecho verse como algo extraño ajeno a la naturaleza cuando, la verdad, es que no es una especie más que ha experimentado una mayor evolución y tiene, por tanto, el compromiso de cuidar de la casa de todos. Estamos abjurando de esta responsabilidad. Al revés, estamos destrozando la tierra de la que provenimos y a la que, inevitablemente, volveremos. Y aparte de las grandes políticas que, obviamente nos quedan muy lejos, no hace falta mucho para cambiar la situación, al menos a nivel personal. Tan sólo compromiso. La próxima vez que queramos utilizar el vehículo para una trayecto corto, mejor caminemos. No dejar el grifo abierto, no generar plásticos, reciclar, limpiar un trocito de bosque… Hay un millón de formas de volver a pertenecer a la tierra. ¿No creen?. Saludos hermanos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.