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Poderoso caballero

Sí, lo confieso, yo fui una de esas personas, no se si muchas o pocas, que abjuró del dinero en algún momento de su vida. Asqueado de que comprara voluntades, de que fabricara culpables o inocentes, de que manejara todo a su antojo… Me cansé pronto, muy pronto de él. Recuerdo ya de niño, de muy pequeño, plantarme ante mi madre y decirle “yo no quiero tener dinero en la vida”. Ella, con los ojos atónitos, me preguntó “¿y que quieres hacer hijo?” “No sé, le contesté, pero no quiero tener dinero”. Dicen que tienes que tener cuidado con lo que deseas, porque puede terminar convirtiéndose en realidad (así me va hoy en día). Mucho tiempo después, aquel niño se cayó del caballo y entendió que el dinero es necesario y que la bondad o la maldad del mismo dependerá, como en tantas otras cosas de la vida, del uso que le demos.

Juan Ruiz

Estos días he estado haciendo un breve repaso de una de las obras fundamentales de nuestra literatura, “El libro del Buen Amor”, de Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita. El libro trata distintas materias unidas por un hilo que no es, ni más ni menos, que una pretendida narración autobiográfica. Uno de los temas que sale a relucir es el dinero. El Arcipreste de Hita despacha el asunto en numerosas coplas. En una de ellas dice lo siguiente:

“En resumen lo digo, entiéndelo mejor:

el dinero es del mundo el gran agitador,

hace señor al siervo y siervo al señor,

toda cosa del siglo se hace por su amor”

Eso lo decía el Arcipreste entre 1330-1343 (año arriba año abajo). Tres siglos más tarde, un tal Francisco de Quevedo volvía sobre el tema:

“Madre, yo al oro me humillo,
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado
de contínuo anda amarillo.
Que pues doblón o sencillo
hace todo cuanto quiero
poderoso caballero
es don Dinero”.

Y sí, es verdad, ambos llevaban razón. Tan, tan poderoso es el dinero que con el se puede hacer de todo, absolutamente de todo y ese “de todo” comprende, por supuesto, las cosas buenas pero también… Y ¿qué quieren que les diga?, a uno le entra una escalofrío que le hace temblar todo el cuerpo pensando en esas otras posibilidades. En fin, seguiremos soñando que nos toca la lotería y que nosotros, de verdad de la buena, si llega el caso seremos multimillonarios con buen corazón.

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