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Repostería de convento

Pastas castellanas. Monasterio de Santa Isabel, Medinaceli (Soria)

Harina de trigo, aceite de oliva virgen extra y girasol en proporción variable, huevos, azúcar y crema de anís. Son los ingredientes de las pastas castellanas (buenísimas) que venden las monjas del Monasterio de Santa Isabel, en la soriana localidad de Medinaceli. El ingrediente que no viene reflejado en la caja es el cariño y la dedicación con que estas monjas elaboran los dulces. Y eso se nota, sin duda, al llevarse este pequeño manjar a la boca. Repostería de convento en estado puro.

Estas pastas castellanas son uno de los productos que ofrecen aquí, en Medinaceli, las Hermanas Clarisas. Hay además tejos, roscos fritos, almendradas de la abuela y pastas de romero. Se adquieren todas en el mismo convento. Tan sólo hay que entrar, tocar al timbre del torno y dentro del mismo la hermana encargada muestra un pequeño armarito de metacrilato con los productos que elaboran de forma totalmente artesanal.

La repostería de convento evoca varias cosas: dedicación, autenticidad, artesanía, cariño, tiempo… Significa absolutamente todo lo contrario que la predominante fast food que señorea hoy en día las cocinas y las mesas de todo el mundo.

Y traspasar el Monasterio de Santa Isabel, de las Hermanas Clarisas de Medinaceli, es optar por la cocina cuidada, por la repostería hecho con amor, sin prisa y eso, la boca y el estómago lo notan. No las busquen por internet. «No hijo, nosotros de eso no tenemos», me dijo la hermana que me las vendió.

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