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Sardinas en Madrid

Santurce, junto al Rastro

Ni decoración, ni atención desmedida, ni estrellas Michelín. Ni siquiera una carta innovadora. Aquí son habas contadas. Pero una mañana de mercado tendrá que venir con un ariete o habrá de armarse de paciencia haciendo cola. Imposible de otra forma. Y es que el Bar Santurce se ha ganado a pulso un espacio en la mitología popular como uno de los lugares “a los que hay que ir sí o sí”, si te acercas a Madrid, concretamente al popular mercado del Rastro. Ubicado en la calle General Vara de Rey, a pocos metros de la estatua de Cascorro, el Santurce es una de esas tabernas “de toda la vida”, donde los diseñadores no han estado nunca (a no ser para comer). Suelos de terrazo, azulejos, cuadros viejos…un camarero lleno de grasa que no sonríe ni aunque le maten y un olor a fritanga que no se te va a despegar en toda la jornada.

Entonces, ¿qué es lo bueno del Santurce? Varias cosas. En primer lugar la comida. Sardinas parrochas a la plancha, las sardinas de Madrid. Tienen también pimientos de padrón con granos de sal que parecen granizos, chopitos, calamares, boquerones, chipirones, langostinos ¿le pongo uno o dos panes?. Para beber empezamos con una jarrita de cerveza que, con la sal, ya pedirás otra luego. Las raciones están de muerte y si vas un día, seguro, repetirás.

Observar

Pero y, ahí viene otra de las cosas buenas del Santurce, mientras se come hay que saber observar. Se disfruta más, si cabe. Dedíquese a echar un vistazo, a ver como se va manchando el traje de la cocinera, como la harina de los chopitos y la grasa que chorrea la plancha empapa la camisa negra. Deléitese con la forma de vender del camarero. (¡Imposible pedir una sola ración, im-po-si-ble!) Y por mucho que esté a reventar el pequeño local, que lo está, al hombre no se le escapa ni una cuenta. “Perdone, ¿quiere cobrarse, por favor?. Pues claro, en algún momento me tendrás que pagar, ¿no?” Sigue sin sonreír.

Observe los carteles del local. Sí, quizá hubo una época en la que estuvieron de moda. Las modernas técnicas de publicidad tampoco han pasado por aquí. “Coma pimientos con las sardinas, están mejor” “Señores clientes coman sardinas, calamares y pimientos, por lo menos…” Si mira un poco con detalle se dará cuenta también de la ausencia casi total de tecnología. Libreta y boli. ¡Para qué complicaciones!.

Auténtico

Sobre la fauna que pulula por el Santurce, hay de todo. Gente arreglada, otros no tanto porque esto es el Rastro. Fíjese en la ropa, manos sosteniendo bolsos de marca que chorrean grasa de las sardinas de Madrid. (¡¡Por supuesto que se comen con la mano, que te crees, finolis¡¡, para el resto, ahí tienes los palillos) Si te fijas bien puedes ver algún secundario de las películas de Torrente u otro actor conocido, porque esta zona de la capital es su terreno natural. ¿Por dónde íbamos? ah sí, decíamos del lugar. Pues eso, que es cutre pero tiene éxito, como muchas tabernas antiguas en Madrid. ¿Por qué?. Pues quizá porque estamos cansados de tanta normalización de plástico, tanto diseño impuesto y tanta sonrisa en cadena. Quizá es que busquemos algo auténtico, aunque sea viejo, huela a grasa y no sonría…y si además tiene unas sardinas, las sardinas de Madrid, que son una delicia, pues mejor que mejor. ¡¡Viva el Bar Santurce¡¡

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