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Ser de San Petersburgo

Cuando Vladimir Putín llegó al poder se extendió una historia popular por todo Moscú. Contaba que una persona viajaba en autobús cuando se dirigió a otra, cercana a él. “Disculpe, ¿es usted de San Petersburgo?”. “No”. Le contestó este. “Pues entonces haga el favor de quitarme el pie de encima, que me está haciendo daño”. Se refería el chascarrillo a la procedencia del nuevo líder ruso, nacido precisamente en esa ciudad, San Petersburgo, y a la cohorte de personas de confianza que se había llevado con él a la capital para regir los destinos del país. Eran ya un grupo de poder.

Han pasado muchos años desde entonces y este hombre, cuya sola mirada podría enfríar mi gin-tonic sin necesidad de cubitos de hielo, no ha dejado de poner el pie encima a todo aquel que se le pusiera por delante. Sólo hay que ver como trata a la oposición. Leyes que permiten calificarlos como “agentes extranjeros”, encarcelamiento de Navalny u otros “muertos en extrañas circunstancias”. Existen además, según la prensa, numerosos asesinatos cuyos instigadores “nunca se han descubierto”. Estos días se han producido manifestaciones en Rusia para pedir que se detenga la guerra en Ucrania. La respuesta ha sido masivas detenciones… solo por pedir la paz.

Nunca me ha gustado Putin, nunca. Por otro lado tengo conocidos del Donbass. Dicen que los ucranianos están machacando la región, de mayoría ruso étnica. No lo niego, no se lo que pasa allí. Pero tengo que decir que no me gusta ninguno, absolutamente ningún cobarde que empuñe armas ni que se suba a un tanque. Odio a los ventajistas que esconden su debilidad detrás de un cañón. Sean de un bando o de otro.

Pues ya está bien, señoras y señores, qué manía tenemos de complicarnos la vida, dejémonos en paz de una vez. Si al final todos, en una u otra estación, nos vamos a tener que bajar y no vamos a poder seguir en este autobús. Que manía tenemos de estar pisándonos los pies los unos a los otros mientras dura el puñetero viaje. Hagámoslo más fácil, más ameno. Dejemos de ser de San Petersburgo y disfrutemos del trayecto. Tu sobre todo, Vladimir.

(*Con todo el cariño a la ciudad y a sus habitantes)

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