Home » ¿Sí, dígame?

¿Sí, dígame?

Corría 1990. Una generación, la que se preveía como la mejor preparada en la historia del país, apuraba el último verano antes de la Universidad. Y como premio, o quizá complemento a esa preparación, vinieron los viajes de idiomas al extranjero. Un extranjero, por cierto, que se circunscribía, casi única y exclusivamente, a la costa sur de Inglaterra. ¡Qué mes! Aprender, lo que se dice aprender, fue más bien poco el inglés que nos trajimos, por no decir nada. Ahora bien, como experiencia fue insuperable. En el año de nuestra mayoría de edad viajábamos a otro país, vivíamos con otra familia, ¡paseábamos por Londres, a nuestro aire! Recuerdo que Telefónica lanzó una campaña especial. El objetivo era que los jóvenes pudiéramos comunicarnos con nuestras familia, de forma cómoda, sin tener que utilizar un idioma que aún no dominábamos.

Consistía en marcar un cierto número y, directamente, una operadora contestaba en español. Entonces, ya con la seguridad del idioma propio, le decías con quien querías hablar. Creo recordar que la llamaba era a cobro revertido. Sin embargo, siempre surgía la picaresca para llamar entre los compañeros allí, en la propia ciudad inglesa. Los trucos corrían de boca en boca. Meter la moneda, pulsar asterisco y un par de números concretos, hacer la llamada y, tras esta, volver a pulsar asterisco. Y la cabina, obediente, te devolvía la moneda. En España, siempre, las cabinas han sido objeto de numerosos trucos de ese tipo: meter una moneda de otro país con el mismo peso, el típico golpe por ver si te saltaba, cinco duros atados a un hilo… No sé, era una especie de justicia poética porque siempre, siempre, se te tragaba el dinero y era, precisamente, en el peor de los momentos.

Mira que hemos maldecido a las puñeteras cabinas de teléfono. Mira que han formado parte de nuestro paisaje  y ahora, cuando vemos una, nos parecen un objeto fuera de lugar. Esta la vi, hace tiempo en Ocaña,un pueblo de Toledo. Estaba intacta y todo, cosa extraña. No pude resistirme. Me dio por descolgar el teléfono y preguntar. ¿Sí, dígame? Pero sólo se dignó a responderme el silencio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *