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Sonreír

Muchas veces he tenido conversaciones con mi esposa sobre el porqué de las cosas. Ella siempre ha defendido que nada sucede al azar y yo he mantenido la postura contraria. Opinaba que todo ocurría porque sí, por pura casualidad. Ya no pienso lo mismo. Y es que, si miras hacia atrás, todo adquiere sentido. Andaba cavilando sobre esto ayer, sumergido en la espera de una fila interminable, cuando me dio por fijarme en la cara de las personas que conformaban conmigo la larga cola. Ninguno sonreíamos. Pensé al principio que era por el fastidio de esperar, pero, finalmente, me di cuenta de que los que salían ya, los que terminaban las dos horas de penitencia, volvían con el mismo rictus serio en la cara. Asumí entonces que la sonrisa está despreciada, que lo valorado es la “seriedad”. Porque, piénsenlo, cuando vemos a alguien con el rictus pétreo enseguida pensamos en alguien “respetable” mientras que, cuando uno esboza una sonrisa o directamente se ríe a mandíbula batiente, enseguida sospecharemos de él. “¿De que se está riendo este tonto?”. Me dio por darle vueltas a la cabeza mientras avanzaba lentamente la fila: ¿por qué se valora la cara seria, casi enfadada y se desprecia la sonrisa? Desperté de mis cavilaciones cuando llegó mi turno. Pasé el día como cualquier domingo, entre fútbol, comida y familia. Al final, en la cama, encendí el móvil para leer los diarios. Y encontré una interesantísima entrevista con un escritor holandés. Leonard Pfeijffer ha escrito un libro titulado “Grand Hotel Europa” donde mantiene que los grandes valores europeos están en crisis. Dice que después de miles y miles de años de buscar, al fin hemos encontrado el sentido de nuestra existencia y este no es otro que el consumo. Si, vivimos con el único fin de consumir. Su teoría mantiene que la felicidad se interpone en el camino del consumo y que, para cumplir adecuadamente con nuestro destino de consumidores no debemos ser felices, pues una persona feliz no necesitará nada más. Interesante teoría. Quizá nada pasa al azar, quizá elegí leer esa entrevista para encontrar una respuesta a las preguntas que me hacía por la mañana. Quizá por eso no está bien visto que sonríamos, tal vez por eso todo el «tinglado» está montado para que no seamos felices, porque siendo felices, como dice el holandés de nombre impronunciable, se necesita muy poco. Y lo importante es consumir ¿o no?, ¿quién sabe?

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