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Una canción de amor

La historia de José Mojica, convertida en bolero

Muchos años después, en la austeridad de su encierro, José Mojica habría de recordar seguramente aquella decisión que marcaría su vida para los restos. Y lo haría con alegría. Mojica había nacido para cantar y soñaría en sus principios, probablemente, con la gloria y la vida eterna a través de la canción. Sin duda los encontró, pero por caminos tal vez inesperados. Nacido en 1896 en Jalisco, México, había comenzado a estudiar en el Conservatorio Nacional de Música y en la ópera encontró pronto su lugar. Lo hizo sin saber que el mundo, pequeño o grande, como se quiera considerar, tiene infinidad de lugares para cada uno de sus habitantes. Mójica cantó en México y en La Habana, alcanzó la gloria en Chicago y Nueva York. El mítico Enrico Caruso le guió en sus primeros pasos.

El éxito de la opera le llevó a probar en la meca del séptimo arte, donde también se convirtió en una fulgurante estrella. En Hollywood rodó doce películas antes de volver a México, donde siguió con su éxito cinematográfico. Allí rodó otros seis títulos para continuar con su reconocimiento artístico y económico. A su madre le compró una casa. Pero la vida, a una vuelta, le tenía deparada una sorpresa. Mojica, huérfano de padre, perdió a su madre en 1940. La depresión por este hecho y su profunda religiosidad le hicieron dar un giro a su existencia.

Años después, ya en el convento, reconoció que quizá fue algo que ya tenía decidido desde su juventud, tal vez desde su infancia. Quién sabe. Lo cierto es que lo dejó todo en la cima del éxito. Se fue alejando de los escenarios, se desprendió de la vida material y en 1942, ingresó en el seminario Franciscano de Cuzco, en Perú. Había rodado una última película en Buenos Aires, pero antes ya tenía tomada la decisión de su vida. Había muerto el artista José Mojica y había nacido Fray José de Guadalupe Mojica. Aquel que gozó de fama y dinero hizo votos de pobreza, castidad y obediencia. Cinco años más tarde el antiguo cantante y actor fue ordenado sacerdote.

Canción universal

La historia de Mójica no pasaría de ser el paradigma de como la fama y la riqueza no dan por sí solas la felicidad y de como la renuncia a todo eso puede otorgar, ¿por qué no? una vida más dichosa. La enseñarían en escuelas de pensamiento, en comunas alternativas, en reuniones de grupo, quizá en alguna de aquellas charlas de meditación que se ofrecen a través de youtube y que escuchamos de noche para que nos ayuden a dormir. La conocerían los mexicanos más mayores y los cinéfilos recalcitrantes. No más. Pero resulta que su historia es universal y sin saberlo la conocemos de memoria. Todos, sin excepción la hemos tarareado en alguna que otra ocasión . Porque el abandono de José Mojica, su renuncia y su transformación religiosa forma parte de la historia de la música.

Porque el actor era amigo de otro mexicano universal, Agustín Lara. Y el inolvidable compositor apodado “el flaco” la convirtió en mito. Lara recogió la historia y la transformó en la que fue, quizá, su mejor canción. Por lo menos la más famosa. “Solamente una vez amé en la vida” Sí, sí es una canción de amor. “con la dulce y total renunciación”, No, no está hablando de amor romántico, al menos en el sentido tradicional del término. Es amor a Dios, la vocación en estado puro. “Una vez nada más, se entrega el alma, con la dulce y total, renunciación”. De ahí se infiere que el abandono de la vida material, del éxito y el dinero fue un acto gozoso para Mojica “y cuando ese milagro realiza el prodigio de amarse, hay campanas de fiesta que suenan en el corazón”. No hay una pareja que se jura amor eterno, no hay un hombre y una mujer, la pareja son el antiguo cantante y el propio Dios.

Dicen que cuando escuchó la noticia, la decisión de Mojica de dejarlo todo, “El flaco de oro” se quedó callado. Luego se levantó de la mesa del restaurante donde estaba, cogió una servilleta y comenzó a escribir. Así nació “Solamente una vez”, los versos que resumen su historia. La primera que grabó la canción fue Ana María González. Desde entonces ha sido versionado por infinidad de artistas y ha triunfado en innumerables países. Y todos, absolutamente todos, la hemos escuchado alguna vez en nuestra vida.

Más de cuatrocientos años antes en España otro fraile, fray Luis de León, escribió unas letras premonitorias que ayudan a comprender la decisión del actor-cantante mexicano. “Dichoso el humilde estado, del sabio que se retira, de aqueste mundo malvado…” Lo hizo Mojica en 1942. Treinta y dos años más tarde moría en Lima en la austeridad de su convento. Fue enterrado en las catacumbas. “Solamente una vez” sigue contando su historia de amor con Dios.

Fuentes: www.oscarmullercreel.com, wikipedia, religiondelibertad.com, mas-mexico.com.mx

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